Re: ¡Bievenidos a Living Gamer! El flash de filmar en la tel
Posted: 07/06/16 14:32
Dia 1
Habiéndome enviado un extenso guión hace dos días, me vino un correo electrónico diciéndome filmábamos este viernes todo el día.
Yo había coordinado para dar una clase pública, altamente improvisada, explicando la situación de las universidades, cómo fui de estudiante, y por qué hago paro.
Empecé a leer el guión como pude en este breve par de días, me armé un pequeño apunte ayuda memoria como los usaba Lionel en Nivel X. En el casting me habían dejado usar sinónimos, y "explicar" más que repetir de memoria tediosamente.
Un tema son los tiempos. Cada oración, cada párrafo tiene una cantidad precisa de segundos asignados. Para quienes conocen a un servidor, yo tiendo más bien a la verborragia y a hablar demasiado rápido. En contraste, acá hay que mesurar y marcar cada pausa, cada instante. Tal frase, 15 segundos. Tal otra, 45. A veces tuve que estirar, otras abreviar. Los tiempos sólo se plantearon cuando le pifiaba por mucho, aunque al final de la grabación ya me sentía bien "calibrado".
Habíamos arreglado con el canal, buscarme a las 13. Me pasaron a buscar una hora tarde, porque una de las personas era vegetariana y el catering no lo cubría. Tendríamos 3 horas para almorzar y filmar mi parte como conductor, en un programa de 24 minutos.
Me vino a buscar un "che pibe" muy simpático que empezó su propio programa de cocina, y me llevó al canal que queda a unas cuarenta cuadras de mi casa.
Llegamos al sitio, que estaba muy muy cambiado desde la última vez que fui (a una entrevista como psicólogo cuando gané un premio).
Entré, estaban todos terminando de comer. Piqué poco de unas milanesas que ya estaban frías, y avisé cuando había terminado. Los otros dos coconductores (incluyendo una ex del amigo que me recomendó al casting, que era la vegetariana) tenían segmentos menores y senda experiencia en los medios. Yo estaba hecho un pez fuera del agua, y de a ratos me sentí algo nervioso.
Pero la gente se pasó de buena onda. Sonrisas, chistes, calmándome. El que la guionista haya sido una bella y cachetona morocha de ojos turquesa ayudó un poco.
El guión estaba bueno, además. Está hecho para gamers, y hay buena información. Damos por sentado, por ejemplo, que los televidentes saben qué es un Nintendo Direct. Hablamos del Doom y bardeamos al Call of Duty.
Y... le pifié bastante al pobre guión. Hicimos al menos tres tomas de cada cosa. Pero... Sin apunte. Ni ayuda memoria. Ni teleprompter (cosa que para la próxima vez dijeron estará encendido).
Estaba en problemas. Hace unos diez años no rindo exámenes que pidan memorizar tanto.
Pude ir aprendiendo el guión sobre la marcha, recitando cada frase breve, pero fue agotador. Igual, al final, se pudo.
El set era gigantesco, pero estuve parado sobre una reducida plataforma con una pared de fondo, todo pintado de verde loro. En el suelo, una cinta de pintor marcando hasta dónde podía adelantarme sin salir del cuadro de una de las tres cámaras, todas digitales.
Una asesora de imagen miró mi remera. Se me pidió llevara dos o tres extra, para que ellos eligieran la mejor. Me hicieron cambiar un par de veces. Al final, buscaron también una camisa de Jean para usar abierta, arriba de lo que tenía. Me quedó algo pequeña.
Y así empezó la odisea del audio.
El simpático técnico, el tipo con más pinta de veterano en el set, me puso un aparato en el bolsillo trasero del pantalón. Y de ahí, sacando un cable que remataba en un pequeño micrófono con pinza (que la jerga define como "corbatero"), intentó luchar con el interminable mar de pelos de mi pecho que rozaba el micrófono cada vez que me movía. Varias veces durante la filmación hizo falta acomodarlo.
Hasta ahora no hablé del director. Acaso porque es tan afable que realmente su dirección fue muy llevadera. El mismo me señalaba, me decía en qué cámara empezaba la toma, dónde tenía que seguir, y me planteaba pautas de gestos y tonos. El hombre es un personaje maravillosamente tranquilo, sonriente, calmo. De esos que deben respirar zen.
Me pusieron algo de polvo en la cara para reducir el brillo de mi graso cutis. Fruncí la cara como cuando mi abuela me limpiaba el rostro con un pañuelo húmedo de su saliva. Puaj.
Y... Fui haciendo segmento por segmento. Fue un poco sufrido, porque mi memoria realmente no está tan entrenada, pero se pudo. Cuando mejor me sentí fue al medio, y en muchas ocasiones fui notando cómo una toma salía mejor que otra. Un par de veces me trabé, pero estuve cómodo.
Otro par de momentos exigieron tomas con mi voz en off. Ahí me sentí Gardel. Sé leer con buena entonación, y capaz la confianza hizo que valiera doble. Aproveché para agregar alguna cosa al guión ahí, con permiso del director y un ligero gesto severo de la morocha. Brava pero vital, claramente era quien dirigía todo lo práctico en el set. Desde el café hasta consejos sobre qué no podía tergiversar de lo escrito. Nos tenía medio cagando a todos, aunque que la verdad fue imprescindible. Muy profesional.
Pasaron un par de horas de filmación (pausas entre segmentos, hacer todo tres veces, tomas que me salían bien pero la cámara o el micrófono no atinaron, etc), pero hubo líos con algunas tarjetas de memoria que tenían que cargar el sonido.
Veinte minutos después, retomamos. Yo estaba ligeramente agotado, y ya me pesaba un poco el tener que memorizar algo que tenía estudiado para comentar (como cuando doy clases, uno tiene un apunte a mano pero no repite cual loro).
El último par de frases y el cierre exigieron unas cinco tomas, creo. Que se me hicieron mil.
Y de ahí, aflojar. Vi al equipo desarmar todos los aparatos. Un camarógrafo que parece de 20 años carga con cajas y cosas, en lo que se ve es un ritual normal para ellos.
Me despedí de quienes seguían en el set, y agradecí la oportunidad, la consejos y la paciencia con este newbie. La morocha se había ido a fumar un pucho por ahí, así que le escribí después para extenderle mi agradecimiento.
El che pibe me dejó en el correo donde mis compañeros docentes cortaban la calle. Iba a ser tarde de marcha, de paro, de actividad.
Mucha más actividad que en un buen, buen rato.
Habiéndome enviado un extenso guión hace dos días, me vino un correo electrónico diciéndome filmábamos este viernes todo el día.
Yo había coordinado para dar una clase pública, altamente improvisada, explicando la situación de las universidades, cómo fui de estudiante, y por qué hago paro.
Empecé a leer el guión como pude en este breve par de días, me armé un pequeño apunte ayuda memoria como los usaba Lionel en Nivel X. En el casting me habían dejado usar sinónimos, y "explicar" más que repetir de memoria tediosamente.
Un tema son los tiempos. Cada oración, cada párrafo tiene una cantidad precisa de segundos asignados. Para quienes conocen a un servidor, yo tiendo más bien a la verborragia y a hablar demasiado rápido. En contraste, acá hay que mesurar y marcar cada pausa, cada instante. Tal frase, 15 segundos. Tal otra, 45. A veces tuve que estirar, otras abreviar. Los tiempos sólo se plantearon cuando le pifiaba por mucho, aunque al final de la grabación ya me sentía bien "calibrado".
Habíamos arreglado con el canal, buscarme a las 13. Me pasaron a buscar una hora tarde, porque una de las personas era vegetariana y el catering no lo cubría. Tendríamos 3 horas para almorzar y filmar mi parte como conductor, en un programa de 24 minutos.
Me vino a buscar un "che pibe" muy simpático que empezó su propio programa de cocina, y me llevó al canal que queda a unas cuarenta cuadras de mi casa.
Llegamos al sitio, que estaba muy muy cambiado desde la última vez que fui (a una entrevista como psicólogo cuando gané un premio).
Entré, estaban todos terminando de comer. Piqué poco de unas milanesas que ya estaban frías, y avisé cuando había terminado. Los otros dos coconductores (incluyendo una ex del amigo que me recomendó al casting, que era la vegetariana) tenían segmentos menores y senda experiencia en los medios. Yo estaba hecho un pez fuera del agua, y de a ratos me sentí algo nervioso.
Pero la gente se pasó de buena onda. Sonrisas, chistes, calmándome. El que la guionista haya sido una bella y cachetona morocha de ojos turquesa ayudó un poco.
El guión estaba bueno, además. Está hecho para gamers, y hay buena información. Damos por sentado, por ejemplo, que los televidentes saben qué es un Nintendo Direct. Hablamos del Doom y bardeamos al Call of Duty.
Y... le pifié bastante al pobre guión. Hicimos al menos tres tomas de cada cosa. Pero... Sin apunte. Ni ayuda memoria. Ni teleprompter (cosa que para la próxima vez dijeron estará encendido).
Estaba en problemas. Hace unos diez años no rindo exámenes que pidan memorizar tanto.
Pude ir aprendiendo el guión sobre la marcha, recitando cada frase breve, pero fue agotador. Igual, al final, se pudo.
El set era gigantesco, pero estuve parado sobre una reducida plataforma con una pared de fondo, todo pintado de verde loro. En el suelo, una cinta de pintor marcando hasta dónde podía adelantarme sin salir del cuadro de una de las tres cámaras, todas digitales.
Una asesora de imagen miró mi remera. Se me pidió llevara dos o tres extra, para que ellos eligieran la mejor. Me hicieron cambiar un par de veces. Al final, buscaron también una camisa de Jean para usar abierta, arriba de lo que tenía. Me quedó algo pequeña.
Y así empezó la odisea del audio.
El simpático técnico, el tipo con más pinta de veterano en el set, me puso un aparato en el bolsillo trasero del pantalón. Y de ahí, sacando un cable que remataba en un pequeño micrófono con pinza (que la jerga define como "corbatero"), intentó luchar con el interminable mar de pelos de mi pecho que rozaba el micrófono cada vez que me movía. Varias veces durante la filmación hizo falta acomodarlo.
Hasta ahora no hablé del director. Acaso porque es tan afable que realmente su dirección fue muy llevadera. El mismo me señalaba, me decía en qué cámara empezaba la toma, dónde tenía que seguir, y me planteaba pautas de gestos y tonos. El hombre es un personaje maravillosamente tranquilo, sonriente, calmo. De esos que deben respirar zen.
Me pusieron algo de polvo en la cara para reducir el brillo de mi graso cutis. Fruncí la cara como cuando mi abuela me limpiaba el rostro con un pañuelo húmedo de su saliva. Puaj.
Y... Fui haciendo segmento por segmento. Fue un poco sufrido, porque mi memoria realmente no está tan entrenada, pero se pudo. Cuando mejor me sentí fue al medio, y en muchas ocasiones fui notando cómo una toma salía mejor que otra. Un par de veces me trabé, pero estuve cómodo.
Otro par de momentos exigieron tomas con mi voz en off. Ahí me sentí Gardel. Sé leer con buena entonación, y capaz la confianza hizo que valiera doble. Aproveché para agregar alguna cosa al guión ahí, con permiso del director y un ligero gesto severo de la morocha. Brava pero vital, claramente era quien dirigía todo lo práctico en el set. Desde el café hasta consejos sobre qué no podía tergiversar de lo escrito. Nos tenía medio cagando a todos, aunque que la verdad fue imprescindible. Muy profesional.
Pasaron un par de horas de filmación (pausas entre segmentos, hacer todo tres veces, tomas que me salían bien pero la cámara o el micrófono no atinaron, etc), pero hubo líos con algunas tarjetas de memoria que tenían que cargar el sonido.
Veinte minutos después, retomamos. Yo estaba ligeramente agotado, y ya me pesaba un poco el tener que memorizar algo que tenía estudiado para comentar (como cuando doy clases, uno tiene un apunte a mano pero no repite cual loro).
El último par de frases y el cierre exigieron unas cinco tomas, creo. Que se me hicieron mil.
Y de ahí, aflojar. Vi al equipo desarmar todos los aparatos. Un camarógrafo que parece de 20 años carga con cajas y cosas, en lo que se ve es un ritual normal para ellos.
Me despedí de quienes seguían en el set, y agradecí la oportunidad, la consejos y la paciencia con este newbie. La morocha se había ido a fumar un pucho por ahí, así que le escribí después para extenderle mi agradecimiento.
El che pibe me dejó en el correo donde mis compañeros docentes cortaban la calle. Iba a ser tarde de marcha, de paro, de actividad.
Mucha más actividad que en un buen, buen rato.